Bishop's Column

El Enfriamiento Espiritual y La Cultura de la Muerte

Por el Obispo James Conley  

La semana pasada experimentamos, junto con millones de personas en todo el país, un frío intenso cuando el vórtice polar se extendió por todo Estados Unidos. Se registraron temperaturas del viento tan bajas como -64 grados Farenheit.

Durante las últimas semanas también ha habido un escalofrío espiritual en todo nuestro país, que es mucho más duradero y es evidencia de una cultura de muerte cada vez más avanzada.

En el 22 de enero, el 46 aniversario de Roe. v. Wade, la decisión del Tribunal Supremo que declaró que una mujer tenía el derecho legal de abortar en los Estados Unidos, el gobernador Andrew Cuomo de Nueva York firmó la ley “Acta de Salud Reproductiva.”

Esta nueva ley permite todos los abortos durante 24 semanas de embarazo en el estado de Nueva York. Sin embargo, después de 24 semanas, el aborto es legal dado el “juicio profesional de personal médico,”  “una ausencia de viabilidad fetal” o “para proteger la vida o la salud del paciente.” La ley en ninguna parte define qué significa proteger la vida de la madre, y entonces permite que el aborto sea posible en cualquier momento del embarazo. Además, en un video publicado en Internet, los defensores de esta ley estallaron en aplausos después de que el estado de Nueva York la aprobó. Esto es escalofriante.

De manera similar, se presentó una posible ley en el estado de Virginia para aflojar las restricciones a los abortos realizados en el tercer trimestre del embarazo. En este momento, tres médicos deben determinar que la salud de una mujer se vería “afectada de manera sustancial e irremediable” para que ella tuviera un aborto en los últimos tres meses de embarazo.

La nueva legislación en Virginia elimina el lenguaje que dice “sustancial e irremediable” y permite que sólo el médico que realiza el aborto pueda certificar que el embarazo “perjudicaría la salud mental o física de la mujer.” Este proyecto de ley le hubiera permitido a una mujer tener un aborto hasta durante el parto. Gracias a Dios, esa ley no pasó.

Nuestra fe católica enseña clara y ciertamente que tomar vidas inocentes, desde la concepción hasta la muerte natural, es objetivamente e intrínsecamente malo. Es decir, que nunca se puede hacer, sin importar el motivo o las circunstancias.

El fin de semana pasado, escuchamos las palabras dadas al profeta Jeremías por el mismo Señor: “Antes de formarte en el vientre, te conocí, antes de que nacieras, te dediqué” (Jer 1: 5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; Dios mismo vino a la tierra y se hizo como nosotros en todas las cosas excepto en el pecado. Se nos ha dado un nivel tan alto de dignidad, dignidad que la cultura de la muerte está tratando de desgarrar.

Si bien nuestra fe nos mueve a proteger vidas humanas inocentes, el aborto no es simplemente un asunto religioso; es un asunto de derechos civiles.

A menudo, el tema del aborto está nublado por juegos de palabras. Los defensores de los derechos del aborto se llaman a sí mismos “pro-elección” o dicen que apoyan los “derechos reproductivos” o “el derecho de la mujer a elegir.” Estos términos tienen el fin de distraer y desviar el asunto en sí: el hecho de que el niño en el el vientre es una vida humana real y, por lo tanto, un miembro de la familia humana.

En el pasado, se afirmaba que “no sabemos cuándo comienza la vida” o que el niño no nacido no es más que “un montón de tejido.” Sin embargo, los datos científicos nos dicen lo contrario. En el momento de la concepción, los no nacidos tienen su propio sexo y ADN humano — una composición genética distinta a la de sus madres y, de hecho, diferente de cualquiera que haya existido.

Es importante que podamos articular las razones por las que el aborto es malo. El Señor nos dio una mente para que podamos conocer la verdad, y la habilidad de decir la verdad con audacia. Pero, también nos dio corazones para amar, como Él nos ha amado.

Si bien estas últimas dos semanas han sido muy preocupantes para la protección de la dignidad de la vida humana, también hay muchos signos de esperanza.

Cinco autobuses de estudiantes de secundaria y acompañantes adultos de la Diócesis de Lincoln viajaron a Marcha por la Vida anual en Washington, D.C. Estudiantes universitarios del Centro Newman de la Universidad de Nebraska se unieron a ellos. Miles caminaron en apoyo a la vida en la Caminata por la Vida de Nebraska en Lincoln el 26 de enero.

Cada vez que viajo a Washington, DC para la Marcha por la Vida, asisto a la Caminata por la Vida en Lincoln o rezo afuera del centro de aborto de Planned Parenthood, me maravillo de cuán joven es el movimiento pro-vida. Y los jóvenes que forman parte de ese movimiento aportan mucha energía, alegría y amor.

En el estado de Nebraska hemos sido bendecidos con muchos políticos valerosos en favor de la vida que tienen corazones que quieren a los no nacidos. Tenemos una oportunidad única para construir la cultura de la vida a través de la ley. En esta sesión legislativa, el senador Joni Albrecht de Thurston presentó una ley salva vidas (LB209) que brinda a las madres una segunda oportunidad para elegir la vida. Lo hace asegurándose de que las madres reciban información sobre la posibilidad de reversar un aborto que haya sido hecho con “medicamentos.”

Los abortos con “medicamentos,”  un proceso de aborto de dos píldoras, se han convertido cada vez más en la forma más popular de aborto en Nebraska, ya que representan el 55% de todos los abortos. Pero los avances de médicos pro-vida han ayudado a revertir los efectos de esta forma de aborto a través de tratamientos de altas dosis de progesterona. Desde el año 2012 se han salvado casi 600 vidas de bebés.

A medida que avanza la sesión legislativa, las personas pro-vida en Nebraska tendrán la oportunidad de demostrarle a la nación que no necesitamos seguir los pasos del estado de Nueva York. En lugar de celebrar siniestramente la cultura de la muerte, podemos adoptar una cultura de la vida que afirme la belleza de la maternidad y proteja la vida humana inocente.

Hablamos por los no nacidos porque no pueden defenderse. No pueden marchar a Washington ni visitar una legislatura estatal, exigiendo sus derechos. No pueden contratar a cabilderos para defender su caso. Te necesitan a ti y a mí.

No hablamos por los no nacidos porque queremos el placer de ganar una discusión. Oramos por aquellos que promueven el aborto o lo realizan. Oramos por aquellos que han tenido abortos en el pasado o que han sido afectados por el aborto.

El aborto deja a un niño muerto y una madre herida. Muchos se han visto afectados por el aborto de diferentes maneras. Y siempre deben saber que hay misericordia, paz y amor en Nuestro Señor.

Todos nosotros recibimos misericordia de Dios que no es merecida. Somos salvados por Su misericordia. Y mientras somos inquebrantables en nuestra protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, también somos inquebrantables en nuestra convicción de la misericordia de Dios.

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