Bishop's Column

Los Caballeros de Colón: Sirviendo a la Iglesia por Medio de la Caridad, Unidad, y Fraternidad

Por el Obispo James Conley

El 8 de febrero, tuve la bendición de asistir a la cena de agradecimiento al clero de los Caballeros de Colón. Este es un evento anual en el que los Caballeros invitan a los sacerdotes y seminaristas de la Diócesis de Lincoln a unirse, compartir una comida y animarse mutuamente.

La cena de este año fue particularmente edificante para mí, ya que varios Caballeros se levantaron y hablaron, prometiendo su continuo apoyo al sacerdocio, a la Iglesia y al bien común de la sociedad.

Los Caballeros de Colón son quizás más reconocibles para los que van a ciertas misas, ya que ellos son la guardia de honor en la misa, especialmente para las misas especiales como Primeras Comuniones, Confirmaciones y las Ordenaciones al diaconado y al sacerdocio.

En esas guardias de honor, los Caballeros de cuarto grado adecuadamente llevan espadas como parte de su uniforme. Los Caballeros son verdaderos guerreros en la Iglesia hoy.

Los Caballeros de Colón se iniciaron de manera bastante orgánica por el Venerable Padre Michael McGivney, sacerdote en New Haven, Connecticut, en 1882 para satisfacer una necesidad práctica. El padre McGivney quería brindar seguros de vida a las viudas y huérfanos después la muerte del principal sostén de la familia. Él mismo sintió este dolor cuando su propio padre murió, lo que requirió una suspensión temporal de sus estudios de seminario para ayudar a su familia.

Los Caballeros de Colón continúan brindando seguros y otras ayudas financieras a otros católicos, y también se han convertido en la organización católica de servicios fraternales más grande del mundo. Los Caballeros de Colón han crecido de varios miembros en un consejo a 15.900 consejos y 1.9 millones de miembros en los Estados Unidos, Canadá, las Filipinas, México y otros 13 países.

El Padre McGivney fundó los Caballeros de Colón bajo el principio de que un hombre católico puede ser un buen católico y un buen estadounidense. Esto es tan cierto hoy como lo fue en el siglo XIX. Jesús mismo nos enseñó a “dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21).

Pero lo que pertenece a Dios es primario. Como el estadista St. Thomas More dijo poco antes de su ejecución: “Soy buen siervo del rey, pero primero de Dios.”

Cristo es el salvador del mundo. Por más útiles y buenas que sean las culturas, los países y los gobiernos, no nos salvan. Nuestra fidelidad a Cristo y a su Iglesia es la base que impulsa todas nuestras actividades humanas y espirituales, guiándolas en la dirección correcta y manteniéndonos lejos del camino equivocado.

Los Caballeros de Colón continúan sirviendo a la Iglesia en sus principios fundadores de caridad, unidad y fraternidad. A lo largo de los años, los Caballeros se han mantenido fieles a estos principios, aunque se han manifestado de diferentes maneras.

En particular, estoy agradecido por el apoyo de los Caballeros a la dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Los Caballeros ayudan a organizar marchas pro vida, carteles y conciencia. Desde el 2009, lanzaron The Ultrasound Initiative (La Iniciativa Ultrasonido), que ha proporcionado más de 1,000 máquinas de ultrasonido. Esta iniciativa ha salvado vidas. Cuando una mujer que está considerando abortar ve a su hijo por nacer y escucha el latido de su corazón, tiene un efecto.

En sus primeros años, los Caballeros tuvieron que soportar el ataque del anticatolicismo cuando los católicos intentaban asimilarse en los Estados Unidos. Incluso lucharon contra el Ku Klux Klan (una organización racista). La KKK reconoció esto en su propia literatura. Un folleto del KKK de 1921 decía: “La organización más interesada en la destrucción del Ku Klux Klan es la Orden Católica Romana de los Caballeros de Colón.”

Los Caballeros de Colón continúan luchando por la libertad religiosa en nuestra cultura contemporánea. Esta libertad viene de la dignidad de la persona humana, que nos libera de la coerción en cuestiones de creencia y conciencia, y que nadie debe ser obligado a actuar de manera contraria a sus propias creencias o conciencia.

Por ejemplo, los Caballeros se opusieron enérgicamente al mandato anticonceptivo del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que forzó la financiación, directa o indirectamente, de planes de salud que incluyen servicios contrarios a la fe católica, como esterilización, anticoncepción o medicamentos que inducen el aborto.

Recientemente, senadores interrogaron a un Caballero, Brian C. Buescher, un abogado con sede en Omaha nombrado por el presidente Trump para sentarse en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Nebraska, sobre si la pertenencia a los Caballeros de Colón podría impedir su capacidad para juzgar casos con imparcialidad.

En esta audiencia, los Caballeros de Colón fueron acusados ​​de mantener “posiciones extremas,” como decir que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. La secuencia de preguntas se volvió una prueba religiosa para servir en un cargo público.

En el 2017, los Caballeros de Colón dieron $185.6 millones en donaciones y 75.6 millones de horas de servicio en todo el mundo. El Caballero Supremo Carl Anderson explicó el alcance de su actividad caritativa: “Estamos respondiendo al llamado del Papa Francisco para ir a las periferias. Podemos llegar a la mitad del mundo para ayudar a los necesitados y podemos llegar a nuestro vecino de al lado. Y lo hacemos todos los días. Eso nos hace testigos de la fe.”

Ser testigos de la fe es de lo que se trata el discipulado. Hay muchas buenas organizaciones dentro de la Iglesia Católica que ayudan a llevar a cabo su misión. Los Caballeros de Colón son una de esas organizaciones.

Me uno a mis hermanos sacerdotes al agradecerle a los Caballeros por el gran trabajo que han realizado en toda la Diócesis de Lincoln. Que Dios los recompense por sus esfuerzos como buenos católicos y buenos ciudadanos.

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