Bishop's Column

Dando Gracias

Por el Obispo James Conley

La celebración de nuestra fiesta nacional de Acción de Gracias es una tradición significativa en nuestro país. Es un momento de gran bendición para las familias, que se reúnen para compartir una comida, pero especialmente para pasar tiempo de calidad juntos.

Muchos de nosotros vivimos vidas ocupadas, y debido a esa actividad, necesitamos una Acción de Gracias. Tenemos necesidad de alejarnos por unos momentos de nuestra vida cotidiana normal para conversar con los miembros de la familia, comer algo de pavo y tal vez ver un poco de fútbol. Y, tenemos que dar gracias.

El día festivo de Acción de Gracias es una ocasión maravillosa para reflexionar sobre la virtud de la gratitud. El beato Solanus Casey, un hombre de reconocida santidad de nuestro propio país, dijo: “La gratitud es el primer signo de una criatura pensante y racional.”

La gratitud es una parte necesaria del ser humano. Recibimos nuestras vidas como regalo puro. Nadie da cuenta de su propia existencia. Nos necesitamos unos a otros para vivir una vida buena y satisfactoria.

En la vida espiritual, la gratitud a menudo se prescribe como un remedio para el pecado del orgullo. El Catecismo de la Iglesia Católica define el orgullo como “una autoestima o amor propio desmesurado, que busca la atención y el honor y se pone a sí mismo en competencia con Dios” (CCC 1866). El orgullo es, esencialmente, juzgarte a ti mismo como un ser más grande de lo que realmente eres, tomando todo el crédito por tus logros.

La gratitud aleja las inclinaciones del orgullo dentro de nosotros, dirigiéndonos de vuelta a la realidad. Nos ayuda a conquistar el orgullo al crecer en su virtud opuesta, la virtud de la humildad. La gratitud agrada al Señor y nos llena de alegría; nos hace libres.

Jesús es nuestro modelo de gratitud. La palabra “Eucaristía” significa “Acción de Gracias.” A través del Misterio Pascual, Jesús se ofreció a sí mismo en un acto de acción de gracias al Padre Celestial. Cada vez que celebramos la Eucaristía, entramos en ese acto eterno de acción de gracias, que nos libera del pecado y de la muerte. Y llegamos a la comprensión agradecida de que hemos sido salvados.

El acto de acción de gracias de Jesús nos enseña algo importante acerca de la gratitud. Su acto de acción de gracias fue también la aceptación del sufrimiento, la aceptación de la cruz. Nuestro Señor nos muestra que, paradójicamente, también podemos permanecer agradecidos incluso en medio de nuestro sufrimiento.

Algunas familias tienen la tradición de ir alrededor de la mesa y todos los miembros de la familia, jóvenes y viejos por igual, se dicen entre sí por lo que están agradecidos. Esta es una práctica hermosa y yo la apoyaría.

Ya sea que su familia tenga esta práctica o no, le sugiero que dedique un tiempo a la oración, diciéndole al Señor de todo lo que está agradecido. Tal vez incluso tomar el tiempo para escribir estas bendiciones.

Permítame aprovechar esta ocasión para expresar mi profunda gratitud a la gente del sur de Nebraska.

El 20 de noviembre, celebré mi sexto aniversario como Obispo de Lincoln. Durante estos seis años, he viajado miles de millas por todo el estado y he visitado todas las parroquias. Y he sido testigo de innumerables expresiones de fe.

He visto la profunda fe de los católicos de todas las edades y condiciones sociales en estos viajes. He sido testigo de vibrantes escuelas católicas con dedicados maestros, administradores y personal. He sido testigo de manifestaciones públicas de fe en las procesiones eucarísticas, protestas de oración afuera de los centros de abortos y en eventos públicos. He presenciado parroquias que son lugares de curación para los heridos, comunidades de amor genuino y fuego por la Palabra de Dios.

Estoy agradecido por los religiosos y religiosas dedicados en nuestra Diócesis. ¡Qué bendición son para todos nosotros! Nos dirigen a todos al cielo por su vocación. Agradezco a Dios por el generoso testimonio de sus vidas.

Estoy agradecido a todos los fieles laicos en la diócesis. Ustedes me inspiran mientras sirven como discípulos misioneros en sus familias, sus parroquias y en la plaza pública.

Estoy especialmente agradecido por mis hermanos sacerdotes que sirven tan bien a Dios y a la Diócesis de Lincoln. Estoy agradecido por su compromiso con Cristo y con el Pueblo de Dios y por los sacrificios que hacen. Estoy agradecido por su santidad. Sepan que los recuerdo a diario en la celebración de la misa. También incluyo en mis oraciones y gratitud a nuestros maravillosos seminaristas, que me inspiran con su celo y esperanza mientras se preparan para convertirse en sacerdotes.

Durante los últimos meses, se ha sentido un gran dolor en toda la Iglesia Universal, causado por el escándalo de abuso sexual del clero y mala conducta sacerdotal. Sé que esto ha causado un gran dolor entre los fieles laicos de nuestra diócesis. Sigo comprometido a hacer todo lo que esté a mi alcance para garantizar que las parroquias, escuelas e instituciones de nuestra diócesis sean lugares seguros. Y si este escándalo ha fracturado la confianza de los fieles, quiero hacer todo lo que pueda para reparar esa confianza.

Estoy agradecido y motivado al escuchar que en toda la diócesis los fieles han recurrido a la oración en estos tiempos difíciles. Esta es una indicación de la profunda fe de los católicos en el sur de Nebraska. A pesar de nuestro sufrimiento actual, seguimos agradecidos a Dios Todopoderoso por todas sus bendiciones para nosotros.

Les deseo a todos un muy agradecido día de Acción de Gracias. Espero que sea un tiempo de descanso y disfruto. Rezo para que sea una ocasión para que todos nos tomemos un tiempo para dar verdaderamente dar gracias.

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