Al concluir este hermoso tiempo de Pascua y al prepararnos para celebrar la solemnidad de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo, nuestros corazones se llenan de asombro, alegría y alabanza ante la belleza de los dones de Dios, tanto en la naturaleza como en nuestras comunidades.

Este mes de mayo, dedicado de manera especial a la Santísima Virgen María, está lleno de acontecimientos que celebran los logros de tantas personas. La larga temporada de confirmaciones ha llegado a su fin y deseo agradecer a todos nuestros padres, así como a nuestros profesores y catequistas parroquiales, sacerdotes, hermanas consagradas y, sobre todo, a nuestros jóvenes recién confirmados, por su dedicación y duro trabajo en la preparación para recibir el Espíritu Santo en este hermoso sacramento. Como obispo, es una alegría para mí viajar a través de nuestra vasta y hermosa diócesis para celebrar la confirmación en nuestras parroquias, donde toda la Iglesia se une para apoyar a nuestros niños en su iniciación plena en la fe católica.

También estamos en la época de las graduaciones, en la que honramos a nuestros estudiantes, en todos los niveles educativos, por los logros alcanzados en su camino del aprendizaje permanente. A comienzo de este mes, celebramos la 25ª promoción del Seminario San Gregorio Magno de Seward. Durante los últimos 25 años, hemos estado educando y formando a jóvenes para el sacerdocio para servir a la Iglesia aquí en la diócesis de Lincoln y en las diócesis de todo el país. Estos nueve recién graduados avanzarán ahora a varias escuelas de postgrado de teología, donde continuarán su educación en el seminario y su formación para el santo sacerdocio. 

Cuando entrego los diplomas a los graduados de nuestros seis institutos católicos, siempre recuerdo la importancia de nuestro apostolado de educación católica. Nuestras escuelas católicas se esfuerzan por ayudar a los padres, los primeros y principales educadores de sus hijos, a transmitir la fe católica a la siguiente generación. Durante este tiempo de Pascua hemos estado escuchando los Hechos de los Apóstoles en la Misa, y cómo la Iglesia primitiva se extendió por todos los rincones del mundo, a través de la fe y el testimonio gozoso de los primeros cristianos. Intentamos hacer lo mismo a través de nuestras escuelas católicas.

Como mencioné durante la Semana de las Escuelas Católicas de este año, cada uno de nosotros debe ver el mundo entero a través del lente de nuestra fe católica. Es la única manera de comprender y dar sentido al mundo, a menudo confuso y caótico, en el que vivimos. Hay tanta información y propaganda ideológica que nos llega todo el tiempo y en todos los medios de comunicación, que nos corresponde tener un principio organizador claro y coherente para valorar y evaluar toda esta información. Este principio organizador debe ser nuestra fe católica. No podemos simplemente ponernos las "gafas de la fe" cuando vamos a misa cada domingo, y luego dejarlas a un lado durante el resto de la semana. Como si fueran lentes de contacto permanentes, siempre debemos ver, juzgar y evaluar el mundo que nos rodea a través del lente de nuestra fe católica. Esto es lo que intentamos inculcar a nuestros jóvenes en nuestras escuelas católicas.

Pero aún más importante que enseñar la fe católica y aprender sobre Jesús, es llegar a conocer a Jesús como nuestro amigo. Debemos crear oportunidades en nuestras escuelas donde nuestros alumnos puedan encontrarse verdaderamente con el Señor resucitado. Esto ocurre principalmente a través de la oración y los sacramentos. Todas nuestras 24 escuelas primarias tienen el privilegio de asistir a la Santa Misa todos los días en nuestras escuelas. Pero estos encuentros con Jesús también se producen en las conversaciones entre nuestros alumnos, en los pasillos y en las cafeterías, en el gimnasio y en los campos de atletismo, en los retiros y en otras actividades extraescolares de nuestras escuelas.

Intentamos constantemente construir comunidades escolares de fe y oportunidades de encuentro con Jesús. El principal objetivo y propósito de la educación católica es formar, equipar y enviar discípulos de Jesucristo al mundo para llevar a cabo la gran obra de la evangelización, como aprendemos en los Hechos de los Apóstoles. Si no hacemos esto, le estamos fallando al Señor.

A finales de este mes, tendré el honor y la alegría de ordenar a tres jóvenes al sacerdocio de Jesucristo para la diócesis de Lincoln, y a cinco jóvenes al diaconado transitorio. Estos tres sacerdotes recién ordenados, providencialmente este año, celebrarán sus primeras Misas en la Solemnidad de Pentecostés. Les pido que recen por ellos al comenzar su ministerio pastoral en nuestras parroquias. Gracias por cultivar su fe, especialmente ustedes, padres. Y, por favor, animen a sus hijos e hijas a considerar el sacerdocio o la vida consagrada mientras disciernen su vocación en la vida.